¿Brindaremos con champán inglés?

El clima está cambiando. Y los efectos de este cambio se notan en los campos y en el vaso.

¿Brindaremos en Nochevieja con champán inglés?

La historia de Mark Driver y de su desafío a los grandes productores franceses de champán llamó la atención de muchísimos periódicos. Se han hecho eco de ella, entre otros, el Huffington Post y el Telegraph. Driver no es el único viticultor, sin embargo, que cree en un resurgimiento del vino inglés, favorecido por los cambios climáticos. El Atlantic ha explicado las historias de algunos de sus compañeros, igual de convencidos de esto. Entre los cuales se encuentra Frazer Thompson, propietario de una explotación vitícola en Kent, quien explicaba a la revista:

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«La zona ideal de producción del vino se desplaza, por cada grado centígrado de más en las temperaturas medias del planeta, 270 Km hacia el norte». Y añadía: «¿Qué es lo primero que se ve al llegar a Inglaterra? Los blancos acantilados de Dover. ¿Y de qué están hechos estos acantilados? De yeso. Si queréis ver un terreno perfecto para producir vino, mirad de qué está hecha mi tierra».

El New York Times hablaba incluso de un boom (bonanza) del vino inglés, y aportaba incluso algunos datos.

«La producción inglesa de vino ha crecido rápidamente, si bien es cierto que partía de niveles muy bajos. En estos momentos existen 416 viñedos que ocupan una superficie total de 2.732 acres, y 116 explotaciones vitícolas que producen una media de 2 millones de botellas al año. Los últimos cálculos sugieren que la superficie de viñedos cultivada ha crecido en un 50 por ciento en los últimos cinco años».

El periódico estadounidense hablaba también de los intentos, por ahora poco exitosos según admiten los propios cultivadores, de plantar en las tierras de Albión también olivos y producir aceite virgen extra inglés DOC. Pero para que esto suceda, el clima deberá cambiar bastante.

Vino inglés… de añada

La producción de vino en Inglaterra en la Edad Media está documentada en el Domesday Book, un censo de Inglaterra y Gales que se realizó en 1086 durante el reinado de Guillermo el Conquistador y que está considerado como uno de los documentos estadísticos más antiguos y prestigiosos de la historia de Europa. Habla de más de 40 viñedos que llegaban hasta las inmediaciones de Londres (si bien la mayoría del vino se usaba, probablemente, para la eucaristía).

El clima se siente en el vaso

De hecho, la planta de la vid se encuentra entre las más sensibles a los cambios climáticos. Aunque sobre todo lo es su producto principal: el vino. En la actualidad, por ejemplo, los vinos italianos ya tienen una gradación alcohólica promedia más alta que hace 30 años: veranos por lo general más calurosos y, sobre todo, más dióxido de carbono en la atmósfera hacen que la planta produzca más azúcar, que después se convierte en alcohol.

Si se cumplieran los pronósticos más pesimistas de aumento de la temperatura y de caída de las precipitaciones en el Mediterráneo, algunas zonas de Italia que actualmente son vinícolas por elección podrían ver caer, sin duda alguna, su producción, sobre todo, en el sur. Pero, sobre todo, los viticultores deberían desarrollar nuevas técnicas: desde sistemas de irrigación a la mejora de las variedades de vid para mantener una producción de calidad.

¿Agricultura en Groenlandia?

Pues sí. Hablaba de esto, entre otros, este artículo del Telegraph:

«Algunos supermercados de la capital, Nuuk, ya venden en verano algunas verduras cultivadas localmente. La producción de patatas en el sur de Groenlandia ha alcanzado las 100 toneladas en 2012, el doble que en 2008. La producción de verduras podría duplicarse este año en comparación con 2012, según datos del gobierno local».

El clima cambia. ¿Pero cuánto?

Incluso para los investigadores que llevan años trabajando en ello es dificilísimo tener una respuesta cierta.

La referencia principal para documentarse es el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés); un organismo científico internacional que depende de las Naciones Unidas y que incluye a miles de expertos de todo el mundo.

El quinto informe del IPCC, que es el más reciente, ha confirmado que

«el calentamiento global es inequívoco y muchos de los cambios que se han observado desde 1950 no tienen precedente ni en décadas ni en milenios. La atmósfera y los océanos se han calentado, la cantidad de nieve y hielo ha disminuido, los niveles de los mares han crecido y la concentración de gases de efecto invernadero ha aumentado».

En cuanto a las causas, concluye que «es extremadamente probable que la influencia humana haya sido la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX».

Que el planeta se está calentado es algo en lo que (casi) todos concuerdan. La gran mayoría de científicos están de acuerdo en que la causa prevalente es la actividad humana. Sin embargo, no faltan voces discordantes. Aunque prever qué pasará en un futuro es lo más difícil: hacen falta modelos hechos por ordenador capaces de simular el comportamiento de la atmósfera, el agua y los océanos de forma fiable. En cualquier caso, según el IPCC:

«El aumento global de la temperatura antes del fin del siglo XXI probablemente será de más de 1,5 grados con respecto al período comprendido entre 1850 y 1900, y es más probable que supere los 2 grados que no lo haga. El calentamiento seguirá mostrando grandes variabilidades de un año para otro y de una década para otra, y no será igual en todas las regiones».

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