El menú de la estación espacial

Incluso los astronautas se llevan consigo lasañas, sushi o gulasch. ¿Pero por qué es tan difícil renunciar a las tradiciones?

¿Por qué es tan difícil renunciar a los platos tradicionales?

A finales de los años sesenta, en la época de las misiones Apolo y del primer hombre sobre la Luna, estábamos todos convencidos de que en el futuro (el mítico “2000”) a la mesa habríamos desgranado píldoras y cubitos, habríamos disuelto en agua polvos liofilizados y habríamos sorbido otros alimentos mediante tubitos de aluminio. Tal y como hacían los astronautas, que veíamos en blanco y negro tragar cosas de bandejitas metálicas como las de los aviones.

Ver más

Para que nos entienda quien todavía estaba por nacer en los años sesenta: estábamos todos convencidos de que vivíamos en la Era Espacial.

Pero por aquel entonces nadie nos había dicho que a los astronautas esas cosas les daban verdadero asco. El primero en empezar a quejarse fue John Glenn, el primer cosmonauta estadounidense. Al menos había podido comprobar que, sin gravedad, es imposible atragantarse, como algunos habían temido, porque para hacer bajar la comida son necesarios los movimientos peristálticos del tubo digestivo. Algunas quejas puntuales de los colegas soviéticos, en cambio, jamás se hicieron públicas. Después, lentamente, la comida del espacio se ha ido adecentando poquito a poco. Ya en las naves Apolo, gracias a la disponibilidad de agua caliente, la comida liofilizada se podía, por lo menos, rehidratar. En la estación espacial Skylab se encontraban los primeros alimentos congelados. Actualmente, al menos algún día a la semana, se puede contar con el plato preferido de uno.

¿Cómo es posible que se permita a superhombres y supermujeres como los astronautas, que en el trascurso de su entrenamiento han aprendido a superar condiciones físicas y psicológicas realmente estresantes, acceder a sus golosinas preferidas? Porque el placer de la mesa tiene motivaciones profundas. Es identidad, comunidad y seguridad. Y privar a los astronautas de esto, sobre todo en las misiones más largas, sería una tortura inútil.

Quién sabe si, como se nos pasó por la mente en los sesenta, habríamos podido nosotros prescindir de ello. Se ve que teníamos una idea realmente ingenua del futuro. Que solo entonces, de hecho, estaba empezando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong> <section align="" class="" dir="" lang="" style="" xml:lang=""> <style media="" type="" scoped="">

WP-Backgrounds Lite by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann 1010 Wien