¿La muerte de la cocina italiana?

Un libro denuncia la creciente proliferación de comida basura y alimentos industriales en las mesas de los italianos. Mesas que cada vez se parecen más a las de los americanos.

italian-cuisine-facts-550x3671-350x233Italia es la patria de la dieta mediterránea, de la buena comida hecha en casa y de las mil especialidades típicas que tan celosamente se protegen. Al menos esto es lo que nos gusta pensar. Lo mismo que les gusta pensar a los americanos, que de Italia (y también de Francia, en verdad) se han construido una imagen, a veces un poco idealizada, de una especie de edén de la comida.

Pero ¿hasta qué punto esta imagen se corresponde con la realidad? Se lo pregunta «The Lost Art of Feeding Kids – What Italy taught me about why children need real food» (El arte perdido de alimentar a los niños: qué me ha enseñado Italia sobre por qué los niños necesitan comida de verdad), un libro que la periodista canadiense Jeannie Marshall acaba de publicar en los Estados Unidos y del que hace poco se ha publicado una reseña en el Wall Street Journal (aquí).

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Marshall, que lleva años viviendo en Roma, habla antes que nada de su admiración por la cultura alimentaria italiana tradicional: al criar a su hijo en Italia ha redescubierto el hecho de que los niños deberían comer comida «de verdad», variada y cocinada en casa, y no solo alimentos industriales preparados expresamente para ellos, como sucede en América del Norte.

Pero Marshall describe, sobre todo, su decepción al descubrir lo rápido que se está deteriorando la dieta italiana por las costumbres que se importan del extranjero, sobre todo, las que tienen que ver con la comida basura y los alimentos industriales. En un extracto del libro publicado en Slate con el incómodo título «The Death of Italian Cuisine», explica el creciente consumo de hamburguesas, bollería industrial y refrescos entre los adolescentes italianos, y concluye:

«Quería creer que Italia era más sofisticada que América del Norte y que los italianos elegían mejor lo que comen, con más criterio. No quería creer que estuvieran precipitándose así de rápido en el caos culinario que dejé atrás, en Canadá. ¿No deberían ser los europeos más selectivos con la comida? ¿No deberían haber resistido a todo esto? Las tradiciones alimentarias evolucionan con el tiempo. Son formas colectivas que se aprenden de una cultura para alimentarse con lo disponible. El problema es que lo que está disponible en Europa incluye en la actualidad grandes cantidades de comida basura y bebidas gaseosas. Y así es que los niños terminan bebiendo Coca-Cola mientras se comen una pizza en una pizzería en Roma».

¿De verdad nuestras mesas se parecen cada vez más a las americanas? La polémica está servida.

El artículo completo en Slate

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